Era una noche fría de invierno, en una granja a las afueras de
Buenos Aires, y el granjero Kaki escuchó un estruendo en el corral
de sus cabras. Se levantó de la cama y se montó en su silla de
ruedas y salió a ver que había formado tal estruendo. Al mirar
hacia el corral, vio unos ojos brillantes de color celeste y volvió
a su casa a coger el rifle apresuradamente, se acercó lentamente al
corral y cuando estaba aproximadamente a 3 metros de distancia una
extraña criatura, de color apagado con una apariencia canina y de
medio metro de altura aproximadamente, se acercó rápidamente hacia
el granjero agresivamente de dos zancadas, pero el granjero reaccionó
hábilmente y le atinó dos disparos en el pecho, dejando a la
criatura en el suelo sin vida. Para dejar una prueba de los hechos y
de los peligroso que pueden ser estos extraños animales, lo disecó
y ahora lo muestra en su casa orgullosamente a todos los los
científicos y biólogos que quieren estudiarlo.


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